Parashat Mishpatim (Ordenanza o Estatuto)

Shemot (Éxodo) 21:1–24:18

Nuestra porción semanal de las Escrituras (parashá) comienza con Éxodo 21:1, un versículo importante que se conecta con la lectura de la semana pasada, que consistía en los Diez Mandamientos y las otras instrucciones que Dios le dio a Israel:

Y estas son las ordenanzas (estatutos) [המשפטים] que pondrás delante de ellos.
—Shemot (Éxodo) 21:1

El año pasado dediqué el blog sobre esta porción semanal Parashá Mishpatim (Ordenanza o Estatuto) a la cuestión de las ordenanzas (estatutos) de Dios, que recomiendo que lean en su totalidad. Pero como resumen rápido, escribí que los estatutos del Señor son buenos; sabemos que finalmente apuntan a Yeshúa, quien es el Camino, la Verdad y la Vida, y que nadie puede venir al Padre (o entrar al Reino) a menos que sea a través de Él.

En Éxodo 24, leemos dos relatos del momento cuando Moisés vino a los Hijos de Israel y les leyó las ordenanzas (estatutos) del Señor:

Entonces Moisés vino y repitió al pueblo todas las palabras del Señor y todas las ordenanzas; y todo el pueblo respondió con una sola voz, y dijeron: “¡Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho!
—Shemot (Éxodo) 24:3

Y…

Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el Señor ha dicho haremos y obedeceremos.
—Shemot (Éxodo) 24:7

Inmediatamente, los Hijos de Israel respondieron que seguirían y obedecerían los estatutos del Señor. Después de eso, Moisés hace algo muy interesante:

Entonces Moisés tomó la sangre y la roció sobre el pueblo, y dijo: “He aquí la sangre del pacto que el SEÑOR ha cortado (hecho o formado) con vosotros de acuerdo con todas estas palabras”.
—Shemot (Éxodo) 24:8

Cuando uno mira el texto hebreo, uno ve que Moisés no solo “roció” la sangre sobre la gente, sino que realmente “arrojó” la sangre sobre ellos. Este es un acto que, en nuestros días, sería considerado horrible – incluso barbárico- pero consideremos lo que realmente significaba.

Primero que nada, los antiguos israelitas entendieron que la sangre estaba conectada a la expiación, a la purificación del pecado, y por lo tanto, estoy convencido de que no se habrían horrorizado, sino que de hecho estarían más entusiasmados con ella, entendiendo que representaba el pacto entre Dios y Israel. No solo eso, habrían comprendido que la sangre los limpiaría y que estaban “limpios” ante el Todopoderoso.

Como seguidores del Mesías, es importante que comprendamos el sistema de sacrificios a la luz del sacrificio final del Mesías, y su papel como Mediador de un nuevo pacto. El capítulo 9 del libro de Hebreos nos da una idea increíble de nuestra lectura semanal, que nos muestra cómo los estatutos dados en las Escrituras Hebreas se conectan con el Mesías Yeshúa. En Hebreos 9:18–22, encontramos una referencia directa a Éxodo 24:8:

Por tanto, ni aun el primer pacto se inauguró sin sangre. Porque cuando Moisés terminó de promulgar todos los mandamientos a todo el pueblo, conforme a la ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ordeno.  Y de la misma manera roció con sangre tanto el tabernáculo como todos los utensilios del ministerio.  Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.
—Hebreos 9:18–22

El derramamiento de sangre no fue algo que los humanos inventaron para recibir una conciencia tranquila; fue la condición de Dios que Él estableció para que podamos recibir la expiación. ¿Por qué sangre? Porque “la vida … está en la sangre” (Levítico 17:11a). Ahora podemos entender mejor el significado de Yeshúa derramando Su propia sangre como expiación eterna para todos los que la acepten.

Como pensamiento final, me gustaría señalar un cambio interesante de Éxodo a Hebreos 9. Solo después de que los Hijos de Israel dijeran que “harían y obedecerían”, Moisés les tiró la sangre. ¡En el Nuevo Pacto, primero debemos reconocer la sangre derramada por el Mesías, y luego podremos vivir obedientemente para Aquel que murió y resucitó en nuestro nombre! Su expiación nos permite “hacer y obedecer”.

¡La libertad en Yeshúa no es anarquía! Si lo amamos, lo obedeceremos a Él y a sus estatutos. Y conoceremos la verdadera libertad.

Shabbat Shalom,
Moran

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